Nunca creí que la ausencia un objeto al que, normalmente, le doy tan poca importancia, pudiera ser la causa de mi insomnio.
La voz de mi mente, desobediente, se declaró en huelga general tomó un megáfono, y grita desaforadamente. Está decidida a no dejarme dormir. Está de huelga, sí. Le falta algo. Mi mente siente la ausencia. Mi cuerpo también.
El Insomnio llevó a mi mente de paseo, a un lugar muy lejano, donde se almacenan los pensamientos y los recuerdos. Lugar intangible y sideral, donde la única vía de acceso es nuestra propia mente. He allí donde descubrí que tengo guardadas algunas ideas. Disparadores de la imaginación.
Mi cabeza voló muy lejos. Y cuando volvió, me obligó a escribir. Me obliga a no callarme, me obliga a que mis dedos se paseen rápidamente por el teclado y con un tic-tic acelerado, vayan formando palabras que materialicen mis ideas.
Espero que mi mente haya cumplido su cometido, ya me hizo escribir. Espero que se de por satisfecha, y, por fin, me deje descansar.
¡Almohada, volvé!